El auge de la IA impulsa las emisiones de carbono de Microsoft en un 25% en un año, contradiciendo objetivos climáticos
El último informe de sostenibilidad de Microsoft revela un alarmante aumento del 25% en sus emisiones de gases de efecto invernadero en el último año fiscal, atribuido principalmente a la expansión de centros de datos para dar soporte a la IA.
Microsoft reveló en su informe de sostenibilidad anual de 2026 que sus emisiones totales de gases de efecto invernadero en 2025 aumentaron un 25% en comparación con el año anterior. Esta cifra representa 20 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono equivalente, un aumento de 16 millones de toneladas métricas en 2024, siendo el mayor aumento en un solo año desde al menos antes de la pandemia. Las principales causas de este crecimiento exponencial son dos factores: primero, la expansión masiva de la infraestructura de centros de datos para satisfacer la creciente demanda de potencia de procesamiento para los servicios de IA; y segundo, la decisión de la compañía de dejar de comprar ciertos certificados de energía renovable (RECs) que solían utilizarse para compensar el consumo de energía. Los datos del informe también señalan un cambio interesante: la proporción de emisiones de carbono provenientes del uso directo de electricidad (conocido como Alcance 2) ha aumentado significativamente. De representar solo el 2% de las emisiones totales en 2024, pasó al 13% en 2025, lo que refleja la enorme cantidad de electricidad que requieren los centros de datos de IA. Esta situación no es exclusiva de Microsoft, sino una tendencia que se observa en toda la industria tecnológica. En el último año, Amazon vio un aumento del 16% en sus emisiones de carbono, mientras que Google experimentó un incremento del 18%. Estas cifras subrayan el gran desafío que enfrentan las empresas tecnológicas para equilibrar el desarrollo de la tecnología de IA, que requiere mucha energía, con los objetivos de sostenibilidad y medioambientales previamente anunciados.
Esta noticia refleja los costos ambientales ocultos detrás del crecimiento de la tecnología de IA y desafía los objetivos de sostenibilidad de las grandes empresas tecnológicas a nivel mundial, lo que podría afectar su imagen y políticas ambientales a largo plazo.